Eran los primeros días de Enero, pleno Invierno, no sé con exactitud cuantos grados hacían y tampoco sabía la hora, calculo eran las seis o cinco, de la tarde. Mis manos estaban cerca de mi boca, intentando calentarse con el aire que esta largaba pero no era suficiente para calentarlas. No sentía ningún miembro de mi cuerpo, el frío se encargo de entrar por cualquier posible por más pequeño que sea y congelarme por completo.
La gente pasaba y detenían por unos cuantos minutos su mirada en mi ¿Qué pensaran? ‘Pobre chica, seguro no lo queda mucho de vida’ ‘Me da lastima’ algo por el estilo sé que piensan, estoy segura, lo descifro en sus ojos al clavarse sobre mi débil cuerpo, pero yo solo los miro por unos segundos hasta que se van, algunos dejan un par de monedas, otros más generosos un par de billetes, yo solo los miro, no me atrevo a agradecer, ellos me devuelven la mirada, asienten en señal de ‘de nada’ y siguen con su vida. No me interesa su lastima pero se los agradezco, ¿Cuánta gente habrán visto en mis mismas condiciones o peores? No soy parte de un espectáculo de Circo para que todos me miren o me tiren comida o dinero, soy una persona común y corriente pero… pero soy una persona a la que la vida le dio un golpe duro.
Como sea, las horas pasaban, igual que siempre y yo simplemente esperaba el paso del tiempo sentada, echa un ovillo, bajo aquel árbol de aquella plaza, mi hogar, esperando que pasen las horas, los días, las semanas… sabiendo que nada iba a cambiar que todo iba a seguir igual… hasta que siga viva ese es mi destino. Da igual, creo que ya es hora de presentarme, mi nombre es Emma, Emma Johnson, vivo en Londres, bueno ‘’vivir’’ es una forma de decir si consideran hogar un árbol. Mis padres eran Peggy y Ryan Johnson, mis hermanos Ariel y Johan, todos ellos están en un cajón, debajo de varios metros tierra, suena insensible lo que digo pero es la realidad, posiblemente estén en otro lugar, felices, no lo sé, no creo en Dios tampoco. Todos ellos murieron, hace ya 2 años, íbamos a pasar el fin de semana en familia. Yo me encontraba junto con mis dos hermanos en la parte de atrás del auto, yo iba escuchando música en mi mp4 mientras leía un libro, de reojo veía pelear a Johan y Ariel, era cómico aquella escena. No sé porque se me dio por buscar mi teléfono, revise mis bolsillos, busque debajo y arriba del asiento y no estaba, lo recordé, estaba arriba de mi cama, le pedía a mi padre que estacione y me fui a buscarlo, me baje del auto corriendo, eran un par de cuadras por suerte, llegue, subí corriendo las escaleras hasta llegar a la puerta de mi cuarto, allí estaba arriba de la cama esperándome, lo tome y baje lo más deprisa, corrí hasta llegar al lugar donde mi padre había estacionado. El lugar estaba lleno de los vecinos de la cuadra .supongo, escuchaba a lo lejos, de verdad bien a lo lejos, el sonido de una ambulancia y creo un patrullero, me metí entre la multitud de gente, empujando un poco a las personas que interrumpían mi paso, se escuchaba muchos murmullos pero no podía comprender mucho lo que decían… y lo demás fue algo que destruyo mi vida por completo, ya no había gente, ya no había ruido, ya no podía percibir nada, mis piernas temblaron, no soportaron el peso de mi cuerpo y cayeron sobre el suelo, caí arrodillada, posiblemente me haya dolido pero ni lo sentí, no sentía nada más que un par de gotas de agua correr por mis mejillas que en segundos se transformaron en más.
Junto a mi, a unos metros mi padre tumbado en el suelo, junto con mi madre, los dos en un mar de sangre y junto a ellos un cuchillo empapado con un liquido rojo, por supuesto su sangre. Las cuatro puertas del auto estaban totalmente abiertas, los vi a ellos, Johan con su cabeza apoyada sobre el respaldo del asiento con sus manos a un lado y sangre en su estomago, sus ojos mirando a la nada… estaban muertos. A su lado estaba Ariel, con su mano sobre su estomago, llena de su propia sangre con sus ojos abiertos con amague de cerrarlos, todavía estaba vivo, todavía… todavía estaba vivo! de la nada mis piernas recobraron la fuerza que habían perdido hace minutos y en un segundo yo estaba a su lado acariciándole el pelo, sosteniendo delicadamente su mano, llorando, él no lloraba, no tenía expresión alguna en la cara.
- Vas a estar bien Ariel, todo va a estar bien te lo prometo –le dije con mi frente apoyada en la suya, mis lagrimas caían en sus mejilla, ya no escuchaba la ambulancia o el patrullero de hace minutos, no sabía que hacer
- Tienes que ser fuerte Emma, por mi, por ellos, por vos –dijo con dificultad, el dolor se apoderaba de su cuerpo con cada segundo que pasaba me daba cuenta con tan solo verlo
- Te lo prometo, pero tu también, tu también vas a ser fuerte –hice una pausa mientras tragaba salía- ¿Qué… que paso Ariel? –dije con un hilo de voz y un nudo en la garganta
- Cuando te bajaste –dijo y con dolor se acomodó, yo lo seguía sosteniendo tratando de que no se moviera mucho, no quería que perdiera más sangre, cosa que era imposible- Vinieron tres personas cuando te fuiste… a los minutos diría –cada palabra contenía dolor, esfuerzo, quise que dejara de hablar pero no se detuvo- aprovecharon nuestro descuido, abrieron las puertas del auto -recordé haber dejado mi puerta abierta cuando me fui- uno se puso en la puerta de papá, los otros dos a un lado de Johan y él otro del mio, quisieron robarnos… él.. él hombre –dijo con dificultad- que estaba del lado de papá lo obligo a bajar, después fue al lado de mamá, la agarro amenazando con matarla, papá no lo dejo, se movió lo más rápido que pudo pero el hombre fue más rápido, lo acuchillo al instante, mamá llorando corrió hacía él y… y –notaba que le dolía recordar- el otro hombre la acuchillo por la espalda, murieron al instante, quedábamos Johan y yo, por supuesto no fuimos la excepción, escucharon a un vecino que salió a ver que sucedía y nos acuchillaron al instante en nuestros estómagos, Johan murió al segundo –miré a Johan, sangrando, muerto, muerto...- huyeron a una gran velocidad y…
-Ya, ya, basta Ariel –dije llorando, era lo suficiente, no quería escuchar más, él no podía hablar más- no quiero que hables más, no hagas ningún esfuerzo, la ambulancia va a llegar, tú vas a estar bien, todos… –no podía seguir hablando
- Te amo hermana –me dijo en un hilo de voz y sonrió como pudo
- Yo también –sonreí entre lagrimas, él amagaba con cerrar los ojo, tome su cara y empecé a gritar- No Ariel! No! tu no te vas a morir! mírame, no cierres los ojos por favor!
Hubiera seguido gritando, intentando mantenerlo despierto pero un hombre me sujeto por la cintura y me levanto, sin aviso me corrió de allí lo mire y era un enfermero, vi a médicos llegando, todos se posaban con sus instrumentos sobre los cuerpos sin vida de mi familia y Ariel… había tantos médicos alrededor, yo empecé a gritar, no podían alejarme de mi hermano bajo ninguna sinsustancia, gritaba, pataleaba, hacía todo lo posible para soltarme y aquel enfermero no me soltaba… sentí una aguja en mi cuerpo, me sedaron obviamente.
Lo siguiente fue aun peor, me desperté en un hospital, con un par de cables en mi cuerpo, recuerdo haber visto a uno de mis familiares sentado durmiendo en su silla, supongo esperando a que yo despierte. Después de unos días preguntando desesperadamente por Ariel me dijeron esas palabras que nunca quise escuchar ‘Lo lamento Emma’ No hacía falta acotar más, él había muerto, no habían podido hacer nada por él, toda mi familia estaba muerta ¿Por qué yo no? ¿Por qué tuve que ir a buscar mi maldito teléfono? ¿Por qué no espere a volver? ¿Por qué yo no estaba muerta junto a ellos? ¿Por qué condene a mi familia sin saberlo a una muerte espantosa? Porque lo hice, yo lo hice, yo tenía la culpa, yo los mate.
Estaba muerta en vida, literalmente, escuchaba a abogados desde mi habitación del hospital hablar con mis familiares, a veces escuchaba discusiones ‘Ella tiene que quedarse conmigo’ ‘Peggy hubiera querido que Emma estuviera conmigo’ Estaban viendo con quien iba a vivir, yo no iba a dejarlos, no quería vivir con nadie, no quería seguir allí. Espere que la noche llegara, casi toda mi familia al ver que había despertado se fueron dejándome en manos de los médicos, tome mi ropa que estaba sobre el respaldo de una silla junto con una mochila, la misma mochila que tenía el día que mi familia murió… no pregunten como pero me escape del hospital, me escape de Bolton, de mi familia, de los abogados, de mis problemas, de mi vida... ¿vida? Ja ilusa Emma tu ya no tienes vida.
Todavía no sé como fui a parar aquí, a London, no me encontraron, no sé como, ¿será que soy muy buena escondiéndome? No lo sé, como sea estaba agradecida de estar aquí y sola.
Por supuesto cuando me escape lo hice sin dinero, en mi mochila no había más que dos mudas de ropa, mi teléfono, mi mp4, un libro y mi documento junto con otros papeles que no tienen importancia. No tardo mucho mi teléfono en quedarse sin batería, tampoco tardaron en llegar los llamados de mis familiares preocupados apenas me escape, como sea, no interesa.
Duermo donde puedo, donde entre, donde haya lugar pero ahora mi sitio es aquí, debajo de mi árbol. Vivo como puedo, junto con mi mochila con las mudas de ropa que tenía, unas que me regalaron, la del día del hospital; me alimento cuando las limosnas, que no pido, alcanzan para comprarme al menos un chicle y tomó agua casi siempre cuando llueve, esto no se compara en nada a mi vida de antes. Vendí mi mp4 hace tiempo para conseguir algo de dinero que por supuesto no duro mucho, creo una semana, no era tampoco lo suficiente para alquilar algo, hubiera vendido mi teléfono pero hay recuerdos en él que no quiero dejarlos, es lo único que me queda de mi familia, un trágico recuerdo pero hay cosas en el que no lo son. De una nena con todas las comodidades posibles pase a ser una huérfana sin plata que vivía en la calle, sin dudas es un gran cambio.
Casi siempre estoy aquí, en esta plaza, bajo el mismo árbol, los temporales son difíciles, antes amaba el invierno, hoy es mi peor enemigo, no hay nada peor que dormir en las heladas noches de Londres en la calle, sin haber comido ni bebido, sin una cama, sin estar abrigada, es la muerte misma.
El frío se mete en mis huesos, no me puedo mover, veo un poco que mi nariz esta roja, estoy pálida, lo sé por el color de mis manos, mi boca seca y creo algo morada… Pase tantas cosas y aun así no quiero volver a Boltón todavía, lo más raro de todo esto es que sigo viva ¿Cómo hice?
Levante mi mirada para observar un poco el lugar, a pesar del frío había niños jugando junto con sus padres, parejas de adolecentes, gente mayor, en definitiva gente feliz. Vi que una señora, calculo de unos 50, o quien sabe, se paro frente a mí, un par de canas resaltaban de su cabello rubio, una hermosa sonrisa con unos dientes perfectamente blancos, otra que se paraba a verme morir, de verdad tendría que cobrar por esto.
- ¿Cómo te llamas? –dijo en un tonó amable, dude sobre contestarle pero que me iba a hacer aquella señora ¿robarme? ¿matarme? Já. Ella ese arrodillo frente a mi mientras yo estaba echa un ovillo tratando de calentar un poco mi débil cuerpo.
- Emma.. –dije despacio, tan despacio que creo que no me escuchó
- Un gusto Emma… -dijo después de unos minutos- ¿Cómo estás? -¿era broma esa pregunta no?
- Es broma ¿no? –dije irónica
lunes, 7 de mayo de 2012
domingo, 6 de mayo de 2012
Under a cloud of confusion, epílogo
Vida complicada, confusa, un pasado que aun duele, presente dudoso y un futuro poco descifrable. Así es mi vida, poco interesante y común, salvo por algunos detalles. Busco el por qué de las cosas, soy desconfiada, hostil, considerando mi forma de vida actual me asombra que este viva. No creo en los milagros, ni tampoco en el destino, si existen esas cosas lo único que hacen es complicarme la vida. Dieciséis años y recién ahora parece que mi vida de adolescente comienza ¿algo más que decir? No lo creo y si es así, con el tiempo lo diré.
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